Nadie nos salvará: es una transformación individual.

Hace mucho tiempo, una paciente comienza su sesión contándome una biografía que estaba leyendo sobre una mujer que había superado tremendos problemas en su vida.  Mientras lo hace, llora emocionada, sintiéndose esa heroína.  Cuando le comento que eso es una inspiración para sobreponerse a sus propios inconvenientes (mil veces menores), se sorprende y me dice que no puede con los suyos, que son más fuertes que ella,  llorando más todavía.  Mientras todo está en la teoría y es de otros, nos llenamos de entusiasmo, pero, cuando nos toca, es demasiado para nosotros.

No existe eso.  Todo es a nuestra medida, nosotros hemos creado esas situaciones y podemos salir de ellas, con los recursos que ya tenemos y con otros que vamos aprendiendo en el camino.  Y esto está siendo probado en estos momentos.  Estamos perdiendo tanto, que se escurre entre los dedos, y hacemos enormes esfuerzos para impedirlo, aun sabiendo que no podremos, que igual se irá.

Pero el apego es tan enorme que los miedos se disparan, al igual que la ansiedad de imaginar futuros horribles.  Creemos que no tenemos la fuerza ni las herramientas para salir de ese caos que hemos dejado que crezca sin detenerlo, sin hacer los cambios que sabemos que tenemos que realizar.  Esperamos que algo mágico suceda, que los demás lo arreglen, echando culpas afuera y adentro.

Nadie hará eso.  ¿Pegó fuerte?  Es la realidad.  No es ese tiempo.  Ya no podemos escondernos en lo colectivo, en que otros nos salven (todo está en caos).  Es momento de lo individual, de tomar responsabilidad por nuestra propia evolución, de dejar de distraernos y creernos “buenos” porque nos ocupamos de otros, mientras todo se derrumba en nuestra casa.

No tendremos más energía para eso.  Es tanta la que consume esta transformación que no habrá para otros.  Y esos otros también deberán responsabilizarse por ellos mismos.  La cadena ya no será de víctimas, sino de conciencias despiertas ayudándose mutuamente a crecer.  Para ello, lo viejo no tiene cabida y deberá terminar; seguir aferrándonos en la ilusión de que podremos mantenerlo solo hará que sea más sufrido y costoso; abramos los brazos y soltémoslo.

¿Cuál es la clave para comprender qué se removerá?  No vibra con alegría, no fluye, no tiene corazón; es esforzado, sigue la norma, son objetivos impuestos para “ser felices”, pero no se siente así.  Va en contra de nosotros mismos; no es extraño que haya una epidemia de enfermedades autoinmunes como nunca antes; no es raro que seamos atacados por un virus que nos “obliga” a permanecer adentro para reencontrarnos y comprender lo falso de la Matrix y lo que realmente necesitamos.

Podría describir un mundo ideal que se abrirá prontamente.  No creo que eso suceda, más bien se pondrá peor.  Y no podremos confiar en el sistema (porque se está cayendo) ni en los demás (porque están en su propio proceso) para que nos salven.  Ni siquiera hay salvación; hay una transformación interior que cambia lo exterior drásticamente.  Sin necesidad de lucha ni de destrucción; poco a poco, hay un desvanecimiento, una desaparición de la anterior condición para que surja lo nuevo, a veces casi de la Nada.

Podría decirte que es fácil.  No lo es.  ¿Pero es fácil lo que estamos viviendo?  Lo que sí sé (¡por experiencia!) es que requiere apertura, confianza, paciencia, perseverancia, fortaleza, vulnerabilidad, reeducar la mente, seguir al cuerpo y al Ser, perdonar/se, vivir en el aquí y ahora, manejar la incertidumbre, ver las señales, dejar venir las personas y los recursos que son para nosotros.  La base de este camino es conocernos y fluir con nuestro diseño: ya somos y tenemos lo que hace falta.  El resto vendrá por sí solo.  Te acompaño.

por Laura Foletto 

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